“Volver a Buenos Aires es una meta”
José María Courtis es un médico de 32 años, especializado en Ginecología y Obstetricia que, gracias a la ayuda económica de sus padres, pudo obtener su título en el tiempo establecido por el programa de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Luego de recibirse se vio lanzado al mundo laboral de la medicina, nada grato por estos tiempos, sobre todo en Buenos Aires. Y por esas cosas de la vida, terminó viviendo y ejerciendo su profesión en la ciudad de Plaza Huincul, a 1300 kilómetros de su ciudad natal.
Lo vi llegar desde la mesa del bar en el que habíamos quedado en encontrarnos, caminando rápido y hablando sin cesar por su teléfono móvil. Luego de terminar su conversación, me avisó que podríamos ser interrumpidos varias veces durante nuestra charla por el timbre del celular. “Gajes del oficio”, sonrió y se sentó dispuesto a contestar todas mis preguntas:
Hace dos años atrás estaba todavía en Buenos Aires, ¿Dónde trabajaba en aquellos días?
Uf, en varios lugares. En el Hospital Aeronáutico Central cumplía funciones como médico residente y el horario era de lunes a viernes, de 8 a 14; en la Clínica Bazterrica hacía consultorio los lunes y cirugías los lunes, martes y miércoles y en el Instituto Médico de Obstetricia (IMO) hacía guardias que duraban doce horas los miércoles y domingos y consultorio los viernes. Como ves, trabajaba todos, pero todos los días de la semana.
Tenía mucho trabajo y sin embargo decidió irse, ¿qué era lo que fallaba?
Bueno, lo más importante era el tema pagos. Nunca pero nunca se me pagaba al día, la demora rondaba entre tres y seis meses, según el lugar. Y así era muy difícil planificar nada en mi vida.
¿Cómo surgió la posibilidad de irse al sur?
Todo empezó con un contacto de mi esposa. Ella es especialista en Otorrinolaringología y la llamaron para ofrecerle trabajo de lo suyo en Neuquén capital. Justo coincidió con la apertura de un nuevo hospital en Plaza Huincul llamado Hospital Zonal de Cutral- Có y Plaza Huincul y allí estaban pidiendo médicos ginecólogos.
¡Qué momento! ¿Y en qué se basó para tomar esa decisión?
Sobre todo en la estabilidad laboral que me ofrecieron ya que en ese hospital me nombraron como médico de planta permanente y hasta ese momento yo trabajaba bajo la modalidad de contrato.
Influyó mucho la cuestión económica, entonces...
Seguro, no sólo me convenía el importe que me ofrecían como sueldo sino que tenía la posibilidad de empezar a cobrar del uno al cinco de cada mes. Era una situación inédita para mí.
Así que se fueron para allá. Y una vez instalados ¿qué aspectos cambiaron de su vida?
Lo más importante es que cambiamos el estilo de vida por completo. No es lo mismo vivir en una ciudad como Buenos Aires que en una ciudad de sólo 60 mil habitantes como Plaza Huincul. Es mucho más tranquilo, uno tiene más tiempo libre y mucho pero mucho menos estrés.
Eso en cuanto a su vida diaria, ¿y en el aspecto laboral?
Y para que te des una idea: la carga horaria es de ocho horas diarias de lunes a viernes, con cuatro guardias activas y cuatro guardias pasivas mensuales. Como verás, un cambio de 360 grados. En relación a las tareas que llevo a cabo, aquí suelen ser de menor complejidad que las que realizaba en Buenos Aires pero tengo una mayor responsabilidad.
Y en cuanto a los pagos: estoy al día ¡y todavía no lo puedo creer!
Y de esta experiencia, ¿qué cosas rescata como positivas?
Entre lo positivo, lo mejor es la tranquilidad y el tiempo libre que empezamos a disponer. Si bien uno estaba acostumbrado al estilo de vida de Buenos Aires, no hay duda que dista mucho de ser sano. Realmente siento que esto me permite crecer como persona y como familia, ambos puntos difíciles de lograr en la gran ciudad. El ingreso fijo y estable en el tiempo me trajo un alivio de la carga emocional y económica de no saber cuándo ni cuánto se cobraba.
¿Y el lado negativo?
Lo negativo vendría por el lado de lo difícil que es progresar aquí desde el punto de vista profesional. La famosa frase “Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires” es una gran verdad. Sólo cuando uno se aleja puede notar las facilidades profesionales y personales con las que se cuenta en Buena Aires. La diversidad de opciones en todos los rubros, desde deportes para practicar, espectáculos, capacitación, lugares de ocio hasta lugares para hacer las compras es increíble y sólo se encuentra en las grandes ciudades.
Me quedé con lo que dijo de la capacitación, ¿ tiene que viajar para hacerlo, entonces?
En el 90 por ciento de los casos es necesario viajar para eso. Sin embargo pude encontrar algunas opciones: en este momento, por ejemplo, estoy haciendo un curso a distancia y los libros me llegan a mi casa por correo.
Por último y a pesar de todas las cosas buenas que encontró en Plaza Huincul, ¿le gustaría volver a Buenos Aires?
Y, sí...es un anhelo y una meta que tengo. Lo que más se extraña son los afectos, la familia y los amigos. Uno a la distancia siente que se está perdiendo de todo, de lo bueno y de lo malo y trata de estar lo más cerca posible. Es muy difícil dejar todo a los 32 años y empezar de cero. Pero como toda decisión, tiene sus beneficios y sus contras. En el momento en que la tomé prioricé mi matrimonio y lo económico, sólo el tiempo me dirá si fue una decisión acertada. En el mini balance que realicé después de dos años me encontré con que estoy logrando una estabilidad familiar y económica y que pude progresar en pequeñas cosas como comprar mi casa y mi auto. El debe supera el haber pero en el haber se ubican los afectos y no hay duda que inclinan mucho la balanza.
