23 febrero 2007

Descripción
De tan concurrida, la plaza ubicada en Libertador y Tagle parece abandonada. El césped, que debiera lucir verdoso bajo el sol, está ausente y deja ver grandes extensiones de tierra reseca y polvorienta. Las pocas flores que intentan adornarla se ven un tanto mustias y distraídas. Los bancos no se ofrecen al cansancio de los cadetes que cruzan veloces ni de los jubilados que caminan más tranquilos porque no muestran una confiable limpieza que invite a su uso.
Las baldosas están levantadas, por obra de algunos árboles añosos que intentan estirar sus raíces sedientas. Y en la esquina, un pequeño monolito blanco sin la placa que recordaba que allí alguna vez estuvo la cancha de River Plate; alguien se la llevó y no precisamente por conservar ese recuerdo.
No obstante, este parque es muy visitado, sobre todo en dos momentos claves del día: la mañana y el anochecer. Por la mañana se puede ver a algunos de los responsables de la falta de césped y de lo pisoteado de las flores: los perros. Muchos, cientos de perros que acompañados por sus paseadores, corren, ladran, se revuelcan gozosos en la tierra y escarban en los canteros. Haciendo caso omiso al cartel de “Prohibido pisar el césped” y muchos menos aún al de “No se permiten animales sueltos”, los responsables los observan indolentes, sentados bajo algún árbol, de charla con sus colegas.
Por otro lado, la noche. Allí la dejadez se disimula un poco, las luces encendidas y el agua de la fuente hacen olvidar la fealdad que desnuda el día. Sin embargo, sus visitantes nocturnos tampoco obedecen las indicaciones de los carteles: otra vez son muchos, cientos pero en esta ocasión de personas. Hombres y mujeres que utilizan el césped como pista de atletismo, que corren vuelta tras vuelta, que juegan “picaditos” de fútbol y que intentan marcar sus abdominales donde horas antes se revolcaban los perros.Sin embargo, la plaza sigue resistiendo los embates de todos ellos. Rodeada por dos avenidas repletas de vehículos que despiden gases tóxicos y ruidos molestos, poco más puede hacer para ser un verdadero “espacio verde”.

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